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| Portada de acceso al Hôtel Guimard, obra de Ledoux. (1770-1772) |
Claude-Nicolas Ledoux alcanzó su nivel máximo de reconocimiento social en la época pre-revolucionaria francesa de finales de los años sesenta del siglo XVIII. Fruto de esa popularidad, recibió dos encargos más que sugerentes en aquel feliz momento profesional: el Hôtel Guimard (1770-1772) y el Pavillon de Mme du Barry (1770-1771). Sin embargo, la singularidad de estos encargos no radicaría en aquellos condicionantes (más convencionales) que rodean al proyecto y que con mayor frecuencia suelen servir como estímulos para su génesis, como son, aunque obvios, el lugar o el programa. En este caso, lo que dotaba del mayor atractivo a estas empresas era el cliente, pues ambos edificios eran en realidad palacetes para dos de las más conocidas cortesanas del París de la época: Marie-Madeleine Guimard y Madame du Barry.
Aunque el ego de ambas figuras sería suficiente para eclipsar casi cualquier arquitectura, es en el proyecto para la bailarina francesa (Guimard) el que ejemplifica el potencial que puede llegar a alcanzar la arquitectura cuando se pone al servicio de semejante personalidad. El hotel para la considerada como la estrella indiscutible de la Ópera (estatus que se prolongó durante más de 25 años) era, más que una pieza de arquitectura, un decorado ideado para resaltar al personaje que, con el tiempo, había suplantado a la propia persona. Así, un teatro privado se situaba junto a la entrada para que, en él, una única actriz interpretara los más diversos papeles para un selecto público que no era sino los grandes señores con lo que se citaba habitualmente. Por otro lado, la portada del edificio, estaba ideada para impresionar a las visitas que accedían al lugar a bordo de pomposos carruajes; así una escalinata servía de peana para la única obra de arte del edificio: su dueña.
El episodio, más allá del apasionante "amarillismo" de época que lo tiñe, pone de relieve un concepto muy revelador: "La Diva". Se trata del concepto señalado y descrito con gran precisión por Ignacio Vicens, y que se nutre del exceso, de la pomposidad, del lujo, de lo pretencioso, lo exagerado y lo presuntuoso. Y para ilustrar el fenómeno que se produce cuando "La Diva" entra en contacto con la arquitectura, el catedrático Vicens se utiliza cuatro ejemplos, de otras tantas "divas", y firmados por sendos arquitectos de renombre. Al hotel para la vedette proyectado por Ledoux, se le unieron la Casa para Josephine Baker de Adolf Loos (1927), el Ático para Charles de Beistegui de Le Corbusier (1929) y, por último, la Casa de Cristal, Philip Johnson (1949). Lo que, en conjunto, dio lugar a la deliciosa conferencia pronunciada por Igancio Vicens que tuvimos la suerte de disfrutar el pasado 12 de febrero.

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