viernes, 21 de noviembre de 2014

OR Manthey Kula

Manthey Kula architects, Reststop Akkarvik, Lofoten, Noruega, 2009
“Todo es arquitectura”. Hace casi cinco décadas, un ya lejano 1966, Hans Hollein declaraba así que los arquitectos debíamos dejar de pensar exclusivamente en edificios para definir nuestra práctica habitual, redefinirla y expandirla a otras áreas ajenas a la tradicional edilicia.

El “todo es arquitectura” no deja de ser muy ventajoso, en efecto, ver así las cosas abre posibilidades ilimitadas a una práctica que no se circunscribiría al hecho constructivo. A la vez, es una especie de oxímoron, pues la razón de ser, el hecho distintivo, del arquitecto es la arquitectura, por mucho que parezca una obviedad. Al fin, el verdadero sentido del aforismo de Hollein, la omnipresencia de la arquitectura, afirma la capacidad del arquitecto para trascender su modus operandi a cualquier actividad, transgrediendo así los límites de su propia disciplina.

Este modo de ser arquitecto que lo afecta todo, que de todo –por indiferente que sea su escala y complejidad, incluso si es muy pequeña– es capaz de transformarse en arquitectura, encaja a la perfección con los distintos proyectos, unos construidos, otros ideas, que Beate Hølmebakk mostró en la conferencia del pasado viernes (21.11.14). La arquitecta noruega, que dirige este semestre un taller de proyectos de quinto curso, trabaja con Per Tamsen bajo la firma Manthey Kula.

La actividad del estudio choca, quizá, con aquellas más aferradas a la ortodoxia, e impermeables a un ejercicio misceláneo, en parte obligado por las circunstancias poco favorables del llamado entorno económico. Beate explicó un ejercicio profesional casi siempre con medios escasos, encargos en gran parte, al menos inicialmente, de apariencia irrelevante, no siempre ‘edificios’, pero todos afectados por la arquitectura. Y desarrollados con ambición.

Tras desgranar algunos intereses que rigen su trabajo mediante varias fotografías que pueblan las paredes de su estudio, repasó varios de estos ‘proyectos’: la Estación de turbinas de la presa de Pålsbu, Tunhovd (nominada en 2009 a los premios Mies van der Rohe), unos aseos públicos situados en un impresionante paraje natural, en la ruta turística del círculo ártico (nominado al mismo premio en 2011), la valla para un correccional de menores en Bergen, un kiosko de bookcrossing para Taipei, un apeadero para el Ferry en Forvik. En conjunto apenas superarán un centenar de metros cuadrados, en cada uno “todo es arquitectura”.


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