| Mies working on the model of a building with James Speyer and George Danforth (right) at the Illinois Institute of Technology, Chicago, 1938 |
Es bien conocido que el peculiar plan de estudios de Arquitectura que Mies van der Rohe, junto con W. Peterhans y L. Hilberseimer, desarrolló en el Illinois Institute of Technology desde 1938 hasta 1958 se organizaba no tanto en disciplinas, o asignaturas, como lo entendemos en la actualidad, como en materiales, tipos de edificios, planificación y creatividad. De modo muy resumido, el primer año se enseñaba dibujo y lenguaje gráfico; el segundo, construcción en madera y piedra de edificios de pequeña escala; el tercero, trabajos en acero y hormigón de escala intermedia; el cuarto, estructuras de grandes luces y problemas de espacio; y sólo en el quinto año el alumno se enfrentaba a un proyecto completo de un edificio.
Los cursos denominados "Arquitectura I", "Arquitectura II",… se dedicaban a resolver, siempre en el taller, los problemas constructivos y de diseño generados al proyectar un edificio. El aprendizaje era, por tanto, secuencial, aumentando poco a poco la escala. Todo ello, por supuesto, sin dejar de lado el material, la construcción, las estructuras y, viniendo de Mies, la tecnología que, obviamente, debía converger con la arquitectura. No existían asignaturas independientes sobre materiales o técnicas constructivas, pues estos conocimientos se integraban en la docencia de los propios talleres. Y aunque sí existían materias de estructuras, el cálculo de éstas se integraba, de nuevo, en el taller de proyectos. Se proponía, en definitiva, un aprendizaje basado en la resolución integral de problemas desde el proyecto.
Sus estudiantes, organizados en grupos de no más de 10 o 12, recuerdan que Mies no era dado a impartir conferencias o clases teóricas. Su método, a modo de seminario, se basaba en hacer más que en hablar. A menudo permanecía en silencio, sentado, fumando uno de sus puros, antes de comentar el croquis o la maqueta de un proyecto. En la fotografía le vemos precisamente en uno de esos momentos. Un lápiz en la mano derecha y una regla en la izquierda, mientras llama la atención sobre algún aspecto o modifica alguna dimensión, comprueba alguna otra en una maqueta que, por sus dimensiones, lo permite. Se trata de uno de sus proyectos y obsesiones habituales: una casa-patio. Detrás, otros alumnos preparan plantas, alzados y secciones a la misma escala generosa que los modelos.
Valoraciones aparte de las bondades o carencias de un modelo de aprendizaje como ese, que ahora no vienen al caso, conviene destacar el hecho de comenzar el entrenamiento, de ‘realizar el calentamiento’ con un ejercicio parcialmente acotado. El tema de trabajo se valía de las ventajas docentes del espacio doméstico: un tipo de proyecto de no excesivas dimensiones, formado por un número reducido de piezas que se organizan con normas y restricciones claras; a ello hay que añadir el método de Mies, en el que se apuesta, con convicción, por la geometría y por el dimensionamiento correcto. Y para ello, nada mejor que hacerlo mediante modelos a escala y documentación básica, planta, alzados, secciones, axonometrías... En definitiva, una valiosísima gimnasia de proyectos que ponía el foco, directamente, sobre aquellos aspectos que los alumnos habían trabajado previamente en los cursos anteriores.
Con estas premisas, Proyectos I propone una vivienda unifamiliar como objeto de trabajo para el primer ejercicio de curso. Empleando buena parte de las claves de las que se valió Mies para instruir a sus alumnos, se plantea ahora proyectar una vivienda unifamiliar mediante el empleo, única y exclusivamente, de las piezas que componen el popular juego tradicional japonés del Tangram. Esto es, 7 piezas diversas, descompuestas a partir de un cuadrado, que comparten proporciones y que dan lugar a una rompecabezas compositivo que, a pesar de su estricta formulación, permite infinitas posibilidades.
No parece ser, aun con el paso del tiempo, un mal ejercicio.
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