Fumihiko Maki, se considera a sí mismo un arquitecto moderno que, como estudiante de dos culturas, la occidental y la oriental, supo fusionar lo mejor de ambas. Maki ha sido capaz de representar las cualidades antiguas de la arquitectura japonesa y, al mismo tiempo, emplear métodos contemporáneos de construcción.
En los primeros años de su carrera, pasaría a formar parte de un grupo de jóvenes arquitectos japoneses, los llamados 'metabolistas'. El término, cuyo origen etimológico es tomado del griego, puede hace referencia a diferentes conceptos como alteración, variación, revolución, flexibilidad, etc., sin duda propios de la obra de Maki. Además, el arquitecto mantiene un constante interés en la tecnología como parte del diseño, aprovechando las ventajas de los sistemas modulares de construcción.
Usa la luz de manera magistral, trabajando con ella como material de trabajo tan tangible como podrían ser los muros o las paredes de un proyecto. Las propuestas de Maki, de manera habitual, buscan alcanzar el equilibrio entre transparencia y opacidad, otorgando al trabajo de detalle un papel fundamental en cuanto a la formación de una escala y ritmo intencionado.
Maki, también profesor, contribuyó de manera decisiva al entendimiento de la profesión: consideraba la arquitectura como un descubrimiento, no como una creación, siendo responsabilidad de cada arquitecto que los edificios no sólo sean representaciones de una época, sino sobrevivan a éstas, captando el espíritu del lugar dotando a cada edificio de un carácter determinado.
El 11 de abril de 2014 Silvia Larripa Artieda, Carlota Guiu Morros, Javier de la Riva Bohigas, Iker Pérez Bekoetxea y Guillermo Jarava Feijó repasaron la obra de Fumihiko Maki y ahora en estas líneas.
El 11 de abril de 2014 Silvia Larripa Artieda, Carlota Guiu Morros, Javier de la Riva Bohigas, Iker Pérez Bekoetxea y Guillermo Jarava Feijó repasaron la obra de Fumihiko Maki y ahora en estas líneas.

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