viernes, 1 de febrero de 2013

Thom Mayne P2005


El ascensor de Mayne

En el año 2007, la conocida oficina de arquitectura Morphosis culminaba uno de sus proyectos más ambiciosos y destacados: el San Francisco Federal Building. Se trataba de un edificio nacido cuatro años antes y que, por tanto, se situaba justamente en el antes y el después de que el principal  fundador de la firma, Thom Mayne, recibiera el prestigioso Pritzker.

Es de esperar que el hecho de que este arquitecto de origen americano hubiera sido galardonado apenas dos años antes de la inauguración de este edificio de oficinas, orientara todos los focos de la crítica a este proyecto. Con lo que se le podría asociar una cierta condición "calibradora", de modo que mediante el éxito o fracaso de este edificio la figura de Mayne fuera avalada, o no, y con ello el el merecimiento del premio recibido.

Ante esto, el proyecto parte de un planteamiento ambicioso: se trataba de dar solución a un extenso programa de oficinas y hacerlo con el mínimo impacto ambiental. Resulta complicado evaluar los verdaderos logros de la operación medidos en estos parámetros, en especial hoy en día cuando empieza a analizarse, cada vez con mayor rigor, el impacto de los ciclos de vida en todos los elementos constructivos.

En cualquier caso, la operación no deja de ser loable y respetable, y el planteamiento probablemente vaya más allá de la mera pose, muy de los últimos años. El edifico hace verdaderos esfuerzos por minimizar el impacto energético (como lo demuestra el hecho de que prescinda del aire acondicionado), si bien no es tan austero respecto al impacto visual.

No obstante, donde el edificio realmente alcanza más interés, al menos desde le punto de vista pedagógico de la disciplina, es en el novedoso sistema de comunicaciones verticales. El edificio muy en la línea de favorecer el ahorro energético, y de además fomentar un estilo de vida saludable, utiliza un modelo de ascensor con paradas cada tres niveles, de modo que casi todos los empleados deben poner a prueba a diario a sus piernas en el ejercicio de subir o bajar una o dos plantas.

Se desconoce si las autoridades sanitarias americanas aplaudieron esta iniciativa, que presumiblemente diera lugar a empleados más sanos y, por lo tanto, más eficientes y felices. Sin embargo, sí parece notorio que los trabajadores con alguna discapacidad de este edificio no estén demasiado satisfechos con la medida, toda vez que que se ven obligados a asistir, diariamente, a la saturación de su ascensor, el único que puede detenerse en todas las plantas sin excepción.

El pasado viernes, (01.02.2013) el grupo compuesto por Maddi Berraondo, Miren Juaristi, Cristina  Pereda, Mario Pérez, Lide Plazaola y Xavier Ruivo convocó a toda la clase a reflexionar sobre estas cuestiones al presentarnos el octavo seminario del curso 12-13.



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