"Dame un trabajo para que yo me pueda dedicar con amor y talento y dejará de ser un trabajo para convertirse en arte, en una expresión de amor. Ésto fue la ópera de Sidney”.
La cita, atribuida originalmente a Goethe, fue adoptada por Jorn Utzon durante la construcción de su obra más conocida: la Ópera de Sidney. Sin duda una reflexión alentadora, capaz de insuflar ánimo y consuelo para todos aquellos que viven su labor, en este caso la arquitectura, con pasión y vocación.
No obstante, si bien la reflexión es más que válida para cualquier momento y lugar, debería ser entendida desde le contexto personal de la vida del propio Utzon. Una vez que el joven arquitecto danés enamoró a Saarinen con sus acuarelas y deslumbró al panorama de la arquitectura al ganar contra pronóstico (batiendo a admirables adversarios como los Smithson) el célebre concurso australiano, su situación personal era la de un precoz triunfador cuyo horizonte de trabajo había dado un salto extraordinario. Las imágenes y grabaciones que muestran a un joven y atractivo Utzon en sus visitas a Sidney, o aquellas que recogen sus explicaciones sobre el hallazgo de los triángulos esféricos a la televisión, dan testimonio de un arquitecto listo para la conquista del mundo.
De modo que esta cita debería enmarcarse en el contexto del Jorn Utzon del año sesenta. Lo que la relaciona con otra mítica expresión de Le Corbusier en torno a la idea trabajo, acuñada en tantas y tantas ocasiones, y enunciada precisamente en aquellos años: “Trabajar no es un castigo: trabajar es respirar. Respirar es una función extremadamente regular: ni fuerte, ni suave, sino constante.(…) Hace falta ser modesto para ser constante. La constancia implica perseverancia pero, al mismo tiempo, es una prueba de coraje y el coraje es la fuerza interior que cualifica la naturaleza de la existencia".
Ambas expresiones son reflejo de unas vidas dedicadas con denuedo a una pasión verdadera. A un lado se tendría a un prometedor Utzon al comienzo de su etapa de mayor éxito profesional. Al otro, al maestro que con su trabajo y sus teoría había sido un agente fundamental responsable del cambio de rumbo de la arquitectura del siglo XX. Por lo que ambas citas, sugerentes y estimulantes a partes iguales, pueden ser entendidas como complementarias y constantes, y, quizá más importante, merecen ser abrazadas aún hoy por todos aquellos que se dedican día tras día con su esfuerzo a esta disciplina.
El pasado viernes, (08.02.2013) el grupo compuesto por Enara Barrenetxea, Uxua Echeverría, Irene Fernández, Leire Muñoz, Clara I. Purroy y María Cristina Urquijo convocó a toda la clase a reflexionar sobre estas cuestiones al presentarnos el décimo seminario del curso 12-13.

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