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| Luis M. Mansilla y Emilio Tuñón |
Walter Benjamin, diferenciaba entre la memoria y el recuerdo. En varias ocasiones y con palabras similares se refería a una y otra de este modo:
“la función de la memoria consiste en proteger las impresiones; el recuerdo mira a su disolución. La memoria es conservadora esencialmente, y el recuerdo en cambio es destructivo”.
Emilio Tuñón imparte docencia en la Escuela regularmente desde 1999. En esa primera ocasión, lo mismo que muchas otras veces después, lo hacía junto con su socio Luis Moreno Mansilla. El tándem Tuñón&Mansilla, ambos con unos cuarenta años, había pasado entonces y en muy poco tiempo de ser un estudio emergente a consolidarse en la escena profesional.
Este viernes 30 de enero de 2015 se cumplían casi tres años del inesperado fallecimiento de Luis Moreno Mansilla. Contra lo anunciado, Tuñón repasó los trabajos en común desde el principio, fundamentalmente aquellos con atención a la escala y contexto histórico. Acostumbrados a recibir los últimos fogonazos de la obra reciente de unos y otros en las conferencias –la mayoría de las veces casi ya conocida a través de los inmediatos medios digitales– la memoria a toda una trayectoria ofreció una impresión acaso desconocida o no muy conocida para las generaciones más jóvenes de estudiantes.
Se comprende quizá ahora el sentido y recurso a la cita del filósofo alemán. Tuñon hizo memoria, que no recuerdo, de las obras en común y desde los comienzos. “Protegió las impresiones” del Museo Provincial de Zamora (1990-96), su opera prima tras una década anterior trabajando para Rafael Moneo; y fruto de concursos el Auditorio de León (1994-2002), el Museo de Bellas Artes de Castellón (1998-2000); la Biblioteca y Archivo Regional de Madrid (1998-2001); la Fundación Pedro Barrié de la Maza en Vigo (2005); el Museo de las Colecciones Reales en Madrid (2002-…); hasta llegar al restaurante atrio relais chateaux en Cáceres,…

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