viernes, 3 de octubre de 2014

Borda y alojamiento rural en las Bardenas Reales

Rebaño de ovejas en las Bardenas Reales (Foto: cortesía de Francisco Javier Villanueva)

La fascinación por el paisaje natural ha alimentado en multitud de ocasiones la imaginación de los arquitectos. Los ejemplos de obras de arquitectura que encuentran su razón de ser en este tipo de paisaje son incontables. Sin embargo, esta afinidad se ha traducido no sólo en el leit motiv de tantísimos proyectos, sino que su poder de seducción ha sido incluso capaz de atraer a los propios arquitectos y artistas hacia sí. Un poder de atracción extraordinario que, en ocasiones, podría llegar a denominarse casi místico o estético en los casos en los que se trata de lugares que ofrecen condiciones difíciles para la vida humana. 

Así, por ejemplo, en 1956 el arquitecto Paolo Soleri se estableció en la árida Scottsdale, en el estado de Arizona, junto a su mujer Colly y sus dos hijas para proclamar su vida a la reflexión y a la investigación en la arquitectura, fundando la Cosanti Foundation. O el caso de Donald Judd quien, en 1971, abandonó la vorágine de Nueva York y emprendió un viaje hacia el árido oeste tejano buscando el lugar ideal en el que proyectar una casa, un taller y un museo. Ejemplos que señalan que el embrujo que pueden llegar ejercer determinados espacios naturales es capaz, en ocasiones, de superar las condiciones físicas adversas en virtud de otras condiciones, no físicas, que justifican y validan el asentamiento en estos lugares.

Y uno de estos lugares fascinantes es, sin duda, el navarro Parque Natural de las Bardenas Reales. Se trata de un fascinante entorno semidesértico en cuyo paisaje lunar, compuesto de formaciones calizas y arcillosas, contrastan inesperadas balsas de agua o pequeñas extensiones vegetales. Un espacio natural que se caracteriza por el espectáculo visual que, de modo coral, interpretan topografía, climatología, fauna y flora. Y con estas premisas, se propone un nuevo ejercicio en Proyectos 1 que trabaje con este paisaje como materia fundamental de proyecto. Aprovechando la importante tradición trashumante que sigue dándose a día de hoy en esta zona (y que se remonta al siglo XVI), se plantea la inserción de una nueva edificación que pueda alojar a pastores y rebaños en los periodos invernales, además de otros espacios para el hospedaje rural ocasional para otros huéspedes. En realidad, una oportunidad magnífica para entender las razones por la que Judd o Soleri decidieron dejarlo todo por el inhóspito desierto.


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